
Hoy te veo como nunca pensé, sufriendo como una esposa maltratada y golpeada, como una madre que llora a su hijo muerto, como un rehén asustado producto de un secuestro. Hoy te veo en manos de ese marido abusivo, de ese asesino de hijos, de esos secuestradores que se llama gobierno. Un gobierno que te prohíbe la libertad de opinar, donde es un riesgo tan solo escribir estas lineas porque si muchos las leen mañana seré perseguida, un gobierno que pretende callarnos para esconder un realidad tan grande como ese cielo estrellado que hoy corona esta noche.
Hoy veo y vivo tu realidad, porque soy hija de tu vientre, veo como no hay alimentos básicos en los anaqueles de los supermercados, vivo una realidad a obscura por la intermitente electricidad, soy presa en mi mismo hogar por el riesgo de ser atracada, observo como las voces de protesta quieren ser apagadas,
escucho como me ordenan tan solo comprar un producto por día porque si adquiero dos soy desestabilizadora. Pregunto a tus captores ¿No es más desestabilizador no procurar divisas para cosas tan básicas como los alimentos y productos de aseo personal? ¿No es más desestabilizador ignorar a la violencia y la delincuencia? ¿No es más desestabilizador no brindar servicios de salud pública dignos? ¿No es más desestabilizador que aún siendo un país productor de petroleo, las vías y su infraestructura no tengan mantenimiento? ¿No es más desestabilizador culpar al oponente de cualquier crisis cuando eres tu el que gobierna? Y la pregunta más importante dirigida al cabecilla de tus atacante, Nicolás ¿NO ES MÁS DESESTABILIZADOR GOBERNAR A UN PAÍS DESDE UN PODER USURPADO?.
Como duele verte morir en mis manos, tu patria grande. Agonizas por tanto abuso a manos de ese usurpador. Me confieso culpable de no defenderte como debiera, más que testigo mi conformismo diario me hace cómplice. Te desangras y no actuó, no grito, no protesto, solo observo. Pero hoy te pido ¡Aguanta, tierra bendita! ¡Aguanta! Estas lineas son tan solo el principio de una reacción tardía, aún así espero no llegar demasiado tarde para defenderte, para secar tus lagrimas, para reconstruirte y erigirte como un monumento de libertad. No son solos mis manos, no es solo mi voz, detrás de mi hay muchos que nos estamos despertando de este largo letargo. ¡Aguanta, mi Piccola Venezia!
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